EN EL CUERVO

jueves, noviembre 25, 2004

AMANECE EN EL CUERVO

El ruido es el de siempre. La inmensa fábrica de polvo (la de cemento) acaba inundándolo todo con sus sonidos, pero la luz es vital. Los amarillos van dejando atrás los oscuros tonos de la noche y van a apareciendo verdes del mar tranquilo y sosegado de la bahía. La roca, majestuosa ante la luz recorta un cielo que se vislumbra ya profundo.Lo que eran las vías del tren (con zquella máquina de humo blanco) es ahora un camino de paseo, pero el túnel, aunque rematado por dentro, sigue siendo el mismo viejo túnel de siempre, por el que estaba prohibido pasar para que no te pillara el tren. Antes, entonces, aquel túnel estaba lleneo de hollín del carbón de la locomotora. Hoy, por dentro, repelladas sus paredes con no sé qué mejunje, se ha convertido en lugar favorito de grafiteros. A esta hora, la playa se recuesta sobre el monte, sólo interrumpida por la mole de autovía que la envuelve. Ees otoño y la escasas lluvias aún no han permitido que crezcan muchas de las plantas caracteristicas del sitio. Sigue habiendo tomillo. ¿A qué oleran otros montes?